TIO CONEJO VA A LA PLAYA-Allá una vez tío Conejo andaba en brincos por la playa se va encontrando con tía Ballena y tío Elefante que estaban en gran conversona.Tío Conejo se escondió entre unos charrales y paró la oreja para ver en qué estaban.Y en lo que estaban era en que el uno al otro no hallaban donde ponerse:Que, -tía Ballena, a usted sí que no hay quien le gane en fuerzas y eso de que ya se tomara usted tener las mías, es hablar por el hueso de la nuca.Que, -adió tío Elefante, no me salga con eso. usted sí que es ñeque. Sí, sí, donde se llora está el muerto...Y que esto, y que el otro, y que por aquí y que por allá.Bueno, para no cansarlos con el cuento, llegaron a convenir en que los dos tenían fuerzas y que lo mejor que podían hacer era unirse para gobernar toda la tierra.Pero a tío Conejo no le hicieron naditica de gracia aquellos planes y se puso a pensar: pues lo que soy yo les voy a dar una buena chamarreaban a ese par de monumentos,Y enseguida se fue a buscar una coyunda muy fuerte y muy larga, después se hizo de un tambor que escondió entre unos matorrales y corrió a buscar a Tía Ballena. -Tía Ballenita de Dios. ¡Qué a tiempo me la encuentro! ¿Pues no se me metió la única vaquita que tengo entre un barril como a media legua de aquí?¡El caso es que allí me la tienen en ese atolladero y como es tan poquita, está llora y llora, con el barro hasta el pescuezo.sáqueme de este apuro, usted que es él más fuerte de todos los animales y además tan noble.Tía Ballena se volvió muy chiquiona al oír estos pericos y se puso a las órdenes de Tío Conejo.¡yo voy a amarrarle una punta de esta coyunda de la cola y la otra voy a ver cómo se la amarro a mi vaquita. Cuando todo esté listo toco en mi tambor. Al oír el redoble, se me pone usted a jalar con toda alma.Ni diga más Tío Conejo, no me llamo Tía Ballena si no se la saco aunque este hundida hasta los cachos.De veras, Tío Conejo amarró la coyunda de la cola de Tía Ballena y después el muy papelero, cogió tierra adentro haciéndose el afanado. Apenas calculó que la otra no lo veía se puso a bailar en una pata y a cantar.Después se fue a buscar a Tío Elefante¡Ay Tío Elefante, sólo Dios pudo habérmelo reparado!-¿Qué es la cosa hombre?Que le parece que tengo una novillita chúcara que se me ha metido entre un barril a media legua de aquí y no hay modo de sacarla. Allí estoy desde buena mañana sudando la gota gorda y la confisgada cada vez se hunde más. Mire usted que es tan fuerte y tan noble, por qué no hace una gracia conmigo y de un tironcillo con su trompa, como y me la saca.Tío Elefante le dijo que le explicara lo que tenía que hacer.-Pues nada más que dejarse amarrar el extremo de esta coyunda de su trompa. Enseguida iré yo y amarraré mi novillita de la otra punta. Cuando todo esté listo redoblaré en mi tambor y entonces usted se pone a jalar con toda alma porque está muy metida.-aunque fuera más pesada que mil vacas juntas yo la saco. Si eso es un juguete para mí. Amarrá bien, hombre.Tío Conejo le requintó bien la coyunda en la trompa y luego se alejó en una pura micada como sí fuera muy agradecido.Así que estuvo a la mitad de la distancia entre los dos, sacó el tambor y se puso a redoblar.Tía Ballena comenzó a tirar, pero la vaquita no-tenía trazas de salir. Tío Elefante jalaba y jalaba y nada.En una de tantas, como Tío Elefante se iba arrollando a la coyunda en la trompa, se trajo a Tía Ballena a tierra; pero Tía Ballena se calentó tanto, que no supo a qué horas se tiró al agua y fue a dar al fondo y ya me tienen al otro patas arriba corriendo hacia la playa sobre el espinazo.Del colorón dio tal jalonazo que se volvió a traer a Tía Ballena a la superficie.-¿Conque esa era la vaquita?-¿Quién es el tal por cual que no me respeta? ¡Miren la novillita chúcara! - gritó Tío Elefante que había hecho a un lado su cachaza y estaba más caliente que un avispero alborotado.¡Qué bocas y lo que se dijeron!-¡Yo te contaré, trompudo, labioso, poca pena! ¿No te da vergüenza ver que te cogí la maturranga? -¡Cállate vieja bocona!. ¡A vos que no se te puede creer! ¡Quería salir de mí para quedarse reinando...!Convidándome para que gobernáramos juntos y ya con su tortón entre la jupa!Y no fue cuento, sino que se pusieron otra vez a tirar de la coyunda cada uno por su lado. Por fin la coyunda no resistió y ¡Trac! Reventó y Tía Ballena bien acardenalada y con la cola desollada fue a parar a los profundos y Tío Elefante fue a dar por allá, otra vez patas arriba, con la trompa bien luyida. Y Tío Conejo ya no aguantaba el estómago de tanto reír, escondidos.Tío Elefante y Tía Ballena quedaron enemigos y se quitaron el habla para siempre. Y cabalmente eso era lo que Tío Conejo andaba buscando, para que no volvieran a hacer planes de gobernar ellos dos la tierra